Alemania, cuatro veces campeona del mundo, enfrenta uno de los momentos más críticos de su historia futbolística. Con una sorpresiva derrota por 2-0 ante Eslovaquia en la eliminatoria europea, el equipo dirigido por Julian Nagelsmann se encuentra contra las cuerdas y necesita una reacción inmediata para evitar lo impensado: quedarse fuera del Mundial de 2026.
En un formato clasificatorio de grupos reducidos —solo cuatro equipos por zona, donde únicamente el primero asegura el boleto directo— Alemania está obligada a ganar cada uno de sus partidos restantes. No solo eso: también debe superar a Eslovaquia por diferencia de goles, a menos que los eslovacos tropiecen en el camino.
Las citas inmediatas ante Luxemburgo este viernes y contra Irlanda del Norte el lunes podrían definir el rumbo de los germanos. Cualquier otro resultado que no sea la victoria dejaría a Alemania dependiendo de una repesca incierta entre segundos lugares.
La posibilidad de un Mundial sin Alemania parecía una utopía hasta hace poco. El conjunto teutón solo ha faltado a dos ediciones: el torneo inaugural de 1930, que muchos países europeos no disputaron, y el Mundial de 1950, del cual fue excluido tras la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, la caída ha sido notoria en los últimos años. Desde su consagración en Brasil 2014, Alemania no ha vuelto a disputar un partido de eliminación directa en Copas del Mundo. Las eliminaciones tempranas en fase de grupos en Rusia 2018 y Catar 2022 dejaron en evidencia un equipo repleto de talento individual, pero incapaz de consolidarse como una unidad sólida.
El recuerdo de aquella curiosa charla motivacional con temática de gansos del exentrenador Hansi Flick en 2022 aún resuena como símbolo de la desconexión entre cuerpo técnico y jugadores.
“Todos esperan de nosotros que derrotemos a cada oponente 5-0, 6-0, pero eso ya no es posible”, afirmó el mediocampista Nadiem Amiri, en declaraciones recogidas por la agencia dpa. “Los tiempos simplemente han cambiado. Todos son buenos, todos pueden mantenerse firmes. Para nosotros, es simplemente importante ganar. Necesitamos victoria tras victoria”.
Y esa necesidad es urgente. Hasta su derrota reciente en Eslovaquia, Alemania nunca había perdido como visitante en una eliminatoria mundialista. Hoy, el margen de error es nulo.
A los problemas deportivos se suman las lesiones. El arquero titular Marc-André ter Stegen, del Barcelona, no ha jugado en todo el año. El defensor Antonio Rüdiger, del Real Madrid, también está fuera por una lesión muscular, y Jamal Musiala, figura del Bayern Múnich, probablemente no vuelva a jugar en lo que resta del año.
Nagelsmann ha apostado por una sociedad ofensiva entre Florian Wirtz y Nick Woltemade del Newcastle. Sin embargo, Wirtz no ha logrado destacar tras su llegada al Liverpool, y Woltemade ha estado entrenando por separado esta semana debido a una enfermedad.
Otra de las novedades es Nathaniel Brown, lateral izquierdo del Eintracht Frankfurt, quien también podría representar a Estados Unidos. Brown ingresa con presión extra tras la pobre actuación de su compañero Nnamdi Collins, quien fue apartado tras cometer errores costosos en el partido ante Eslovaquia.
El Mundial de 2026, que por primera vez contará con 48 selecciones, parecía ofrecer un camino más accesible que nunca. Pero si Alemania no logra clasificar, el golpe sería aún más duro y simbólico: quedar al margen de un torneo más amplio, donde más selecciones que nunca tendrán la oportunidad de estar.
A falta de solo unos partidos, el tiempo se agota para una selección que alguna vez fue sinónimo de eficiencia, fuerza mental y éxito en el más alto nivel. Ahora, la historia podría escribirse en clave de advertencia. Alemania necesita reencontrarse con su identidad… y rápido.