Edwin Encarnación, uno de los más temibles cañoneros que ha producido el béisbol dominicano, vivirá este 16 de noviembre uno de los momentos más memorables de su carrera: su exaltación al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano. La noticia lo sorprendió profundamente, no por falta de méritos, sino por la rapidez con que llegó.
“Me sorprendió mucho, no pensé que iba a ser tan rápido. Es decir, no esperaba todavía ser exaltado a un Salón de la Fama”, confesó Encarnación al Listín Diario, al recordar el momento en que fue despertado de una siesta por varios periodistas que le dieron la noticia de su elección.
Y es que los números respaldan con creces este honor. Encarnación terminó su carrera en las Grandes Ligas con 424 cuadrangulares, 1,261 carreras impulsadas y 1,832 hits. Desde 2012 hasta 2019, logró ocho temporadas consecutivas con al menos 30 jonrones, incluyendo dos campañas de 42, su cifra más alta.
En la pelota invernal dominicana, vistió los colores de las Águilas Cibaeñas, equipo con el que conquistó tres campeonatos y fue Jugador Más Valioso de la final del 2007, frente a los Tigres del Licey.
“Mi primer playoff después de tantos años en Grandes Ligas fue algo demasiado emocionante, y también mi primer campeonato en la pelota dominicana con las Águilas en el 2005. Esos son momentos que nunca olvidaré”, rememoró con emoción.
Sin embargo, no todo fue fácil en su camino al estrellato. Encarnación recuerda con cierta amargura el momento en que fue enviado de regreso a las ligas menores tras sus primeros tres años en el “Big Show”.
“Fue bastante fuerte para mí, pues ya uno se acostumbra a otro estilo de vida. Pero son cosas que pasan en la carrera de un pelotero. Hay momentos buenos, pero también otros que no tanto”, reflexionó.
Más allá del terreno, el béisbol le dejó amistades valiosas. Aunque muchos pensarían en figuras como José Bautista o José Reyes como sus compañeros más cercanos, Encarnación reveló que su relación más especial fue con otro pelotero.
“El mejor compañero que tuve fue Wily Mo Peña. Fue un gran mentor para mí, tanto en Ligas Menores como en Grandes Ligas. Me ayudó demasiado y hoy en día tengo que todavía seguir agradeciéndole”, aseguró.
También valoró los lazos creados con figuras estadounidenses como Aaron Judge, Troy Tulowitzki y Josh Donaldson.
Aunque jugó en varias organizaciones —Cincinnati, Cleveland, Seattle, Yankees, Medias Blancas— Encarnación guarda un cariño especial por los Toronto Blue Jays.
“En cada organización recibí un trato muy especial, todos se comportaron muy bien conmigo… pero Toronto es mi casa eterna. Ahí consolidé mi carrera”, afirmó con gratitud.
Encarnación no olvida a la figura más determinante en su formación: su padre.
“Él me formó en todas las etapas y siempre estuvo conmigo. Mi padre desde antes de yo dar el paso profesional hasta después de darlo siempre me dio seguimiento con los consejos antes de tomar cualquier decisión. Fue una persona muy clave para mí en mi carrera”, dijo visiblemente emocionado.
El cañonero será uno de los exaltados durante el 59 Ceremonial del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, que se celebrará el domingo 16 de noviembre en el auditorio del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte. Fue electo por el voto de los cronistas deportivos nacionales, mediante el sistema electrónico del Pabellón.
Con su exaltación, Encarnación se une al selecto grupo de dominicanos inmortalizados por su impacto en el deporte, ratificando el refrán que él mismo cita como el reflejo de su vida: “El que siembra, cosecha.”