París, FRA.– Marc Márquez está viviendo una segunda juventud en MotoGP. A sus 32 años, el piloto español ha vuelto a dominar el campeonato con una contundencia que recuerda sus mejores años. La temporada 2025 se perfila como histórica para Márquez, quien lidera la clasificación general con una ventaja aplastante y parece encaminado, salvo imprevisto, hacia su séptimo título mundial en la categoría reina, igualando así al legendario Valentino Rossi.
El pasado fin de semana en la República Checa, Márquez firmó otra actuación memorable: victoria en la carrera esprint del sábado y triunfo rotundo el domingo en el Gran Premio de Brno. Con esta doble conquista, acumula ya cinco Grandes Premios consecutivos en lo más alto del podio y ocho en total en lo que va del año. En las carreras esprint, su dominio es aún más impresionante: once victorias en doce fines de semana.
Su ventaja en la clasificación general es abrumadora. Su principal perseguidor no es otro que su hermano menor, Álex Márquez, quien ya está a 120 puntos de distancia. Con diez carreras aún por disputarse, el margen parece prácticamente insalvable.
La trayectoria reciente de Márquez ha sido una montaña rusa. Desde su primer título en MotoGP en 2013, su ascenso fue meteórico, pero un fatídico accidente en Jerez en 2020 frenó en seco su racha. Una fractura en el húmero derecho lo apartó del resto de la temporada y le obligó a múltiples cirugías. El calvario se prolongó durante años, con problemas físicos y una pérdida de confianza que lo llevaron incluso a renunciar a carreras para centrarse en su recuperación.
En 2024, decidió romper con Honda, la marca con la que logró sus seis coronas anteriores, y apostó por Ducati, uniéndose al equipo Gresini. “A finales de 2023 me hice una apuesta conmigo mismo. Decidí ir a por la mejor moto que había”, confesó Márquez, quien actualmente compite con la moto oficial de Ducati, equipada con las últimas innovaciones técnicas.
Su transformación no es solo mecánica, también mental y técnica. Márquez ha modificado su estilo de pilotaje, adaptándose a su estado físico y a las exigencias de una categoría cada vez más técnica y estratégica. “No puedo pilotar ya de manera más agresiva vuelta a vuelta. Eso me obliga a adaptarme a mi condición física, aunque sea buena”, explicó tras su victoria en Brno.
El cambio ha sido efectivo. Su rendimiento supera ampliamente al de su compañero Francesco Bagnaia, campeón mundial en 2022 y 2023, que solo ha logrado una victoria esta temporada y ya está a 168 puntos del español.
El destino podría ofrecer un giro irónico en esta historia. Si mantiene su ritmo, Márquez podría coronarse campeón a mediados de septiembre en el Gran Premio de San Marino, en el circuito de Misano, a pocos kilómetros de Tavullia, ciudad natal de Valentino Rossi.
La rivalidad entre ambos marcó una era en MotoGP. Márquez fue la joven promesa que desafiaba al veterano Rossi, generando tensiones dentro y fuera de la pista. Aunque Rossi se retiró en 2021, su legado sigue vivo a través de la academia VR46, cuyos pilotos, incluido Bagnaia, han sido superados ampliamente por el nuevo Márquez.
Preguntado sobre la posibilidad de proclamarse campeón en casa de su viejo rival, Márquez prefirió el silencio, pero una sonrisa maliciosa asomó en su rostro. La leyenda española está de regreso y, más que nunca, parece decidido a cerrar un capítulo pendiente: igualar al mito italiano y, quizás, superarlo.