A sus 29 años, el dominicano Erick Mejía ha decidido reinventarse. Luego de más de una década como jugador de posición, y con un futuro en Grandes Ligas que parecía cerrado, Mejía ha iniciado una transformación inusual pero prometedora: dejar el bate para subirse al montículo.
El nativo de Villa Mella, quien debutó en las Mayores con los Kansas City Royals entre 2019 y 2020 en apenas 17 juegos, parecía encaminado al béisbol mexicano en 2025. Sin embargo, un tiro desde el campocorto en septiembre de 2024, que alcanzó las 98 millas por hora, cambió su historia. Matthew LeCroy, su mánager en los Rochester Red Wings (Triple A de los Nacionales de Washington), fue quien encendió la chispa al preguntarle si consideraría lanzar profesionalmente.
«Tenía miedo de golpear a un bateador», confiesa Mejía en conversación telefónica desde Harrisburg, Pensilvania, donde juega con los Harrisburg Senators, filial AA de los Nacionales. «Necesitaba aprender a tener control.»
El experimento comenzó en la pretemporada y, desde entonces, Mejía no ha vuelto a tomar un bate. Su última aparición como bateador fue en enero con las Águilas Cibaeñas, en la Liga Dominicana (Lidom), donde bateó .289 con 5 jonrones y 22 empujadas en 142 turnos.
En su rol de lanzador, comenzó el 2025 en Clase A con los Fredericksburg Nationals, lanzando 12 entradas con 17 ponches y efectividad de 4.50. Su progresión le valió un ascenso a Doble A, donde ha mejorado: 13.2 innings, 14 ponches, efectividad de 3.29 y un WHIP de 1.40. Su control aún está en proceso, con una tasa de 5.6 boletos por cada nueve entradas, pero la organización lo tiene en la mira.
Un reporte de Sports Illustrated en mayo indicaba que los Nacionales siguen de cerca su desempeño, considerando su posible ascenso al equipo grande ante las carencias del bullpen.
“Ya no tengo que preocuparme por el bateo, por fildear rollings o ajustar el swing. Ahora todo es estiramiento, gimnasio, análisis de bateadores y, sobre todo, correr mucho para mantener las piernas”, explica Mejía, que ha pasado por Águilas, Licey, Gigantes y Estrellas en la Lidom.
Trabaja en perfeccionar su slider y cambio de velocidad, mientras ya domina una recta que ronda las 96-98 mph. “Los rompientes son más complicados, pero vamos avanzando”, señala.
Aunque Mejía formó parte del equipo olímpico que ganó bronce en Tokio 2020, su decisión actual es definitiva. “No me veo bateando de nuevo. El bateo es algo muy mental, muy frustrante. Como lanzador, si tienes una mala salida, sabes que puedes recuperarte. Pero si caes en un slump ofensivo, no sabes cuándo saldrás.”
Sobre Shohei Ohtani, el astro japonés que brilla como bateador y lanzador, dice admirarlo, pero no se visualiza siguiendo ese modelo: “Requiere mucho tiempo y dedicación. Ser ambas cosas es muy difícil.”
La transición de Mejía lo pone en una ruta poco común. Aunque es habitual ver jugadores de posición lanzar en partidos decididos, el caso más cercano para los dominicanos es el de TJ Peña, hijo de Tony Peña, quien hizo la transición después de actuar como infielder con los Reales, pero nunca volvió a la MLB como lanzador. Mejía tiene ahora la oportunidad de romper ese molde.
“Si esto no funciona, me retiro. Pero como bateador ya no regreso”, sentencia con claridad.
Erick Mejía, con el radar a su favor y el futuro incierto pero esperanzador, lanza no solo rectas, sino una nueva página de su carrera.