Samuel Basallo lleva regalos a niños de una liga de béisbol.

Samuel Basallo convierte los regalos de los Orioles en sonrisas para niños dominicanos.

El receptor dominicano encontró una manera de aprovechar artículos promocionales sobrantes de Baltimore para llevar alegría a niños de ligas y clubes deportivos de distintas comunidades del país.

Samuel Basallo tiene apenas 21 años, pero detrás del joven receptor de los Orioles de Baltimore hay una historia que va mucho más allá del béisbol.

Mientras consolida su carrera en las Grandes Ligas, el dominicano también encuentra tiempo para devolver a su país parte de lo que ha recibido. Y esta vez lo hace de una manera muy especial: convirtiendo artículos promocionales que ya no utiliza la organización de Baltimore en regalos para niños de distintas comunidades de República Dominicana.

La iniciativa surgió cuando Basallo supo que, después de los partidos en Camden Yards, a los Orioles les quedaban camisetas, gorras, sudaderas, figuras coleccionables y otros artículos promocionales almacenados.

El joven receptor tuvo entonces una idea sencilla.

“Si no les interesa algo, simplemente dénmelo y yo buscaré a quienes sí les guste. Eso hará feliz a la gente”, planteó Basallo a empleados de la organización.

La propuesta encontró respuesta y, desde entonces, parte de esos artículos ha viajado hasta República Dominicana.

Camisetas conmemorativas de los Orioles, prendas con la bandera de Maryland, sudaderas y figuras de jugadores como Jackson Holliday y Jordan Westburg han llegado a manos de niños de diferentes ligas y clubes deportivos.

El padre de Basallo, Jairo, y su tío, Eudalyn, son parte fundamental de esta labor. Ellos se encargan de identificar los lugares donde pueden entregar las donaciones y recorren distintas comunidades para llevar los obsequios directamente a los niños.

Entre las organizaciones beneficiadas figuran la Liga Deportiva Sandy, en Azua; Valdez Academy, en el Distrito Nacional; la Liga Deportiva Jabao, en San José; la Liga Más Béisbol y el Parque Mirador Sur Joaquín Balaguer, en Santo Domingo.

Para Basallo, sin embargo, el valor de estas donaciones va mucho más allá de una camiseta o una gorra.

El jugador recuerda su propia infancia y sabe lo que puede significar para un niño recibir un regalo de un pelotero de Grandes Ligas.

“Me gusta hacer felices a los niños. Sé lo difícil que es para algunos niños recibir regalos, sobre todo porque yo mismo lo viví. Poder hacer felices a los niños, hacerlos sonreír, eso me hace feliz”, expresó.

Sus padres también tuvieron una influencia importante en esa manera de pensar. Desde pequeño le enseñaron a mirar a su alrededor y ayudar a quienes lo necesitaran.

“De niño, no tuve la oportunidad de ver a muchos jugadores de béisbol donar cosas, especialmente en mi ciudad natal. Así que siempre quise hacer algo por los niños. Mis padres siempre me decían: ‘Haz lo que puedas para ayudar a quienes te rodean’, y eso siempre se me quedó grabado”, recordó.

Ahora que está en una posición privilegiada, Basallo procura poner esas enseñanzas en práctica.

El dominicano fue firmado por los Orioles en enero de 2021, procedente de República Dominicana, por un bono de 1.3 millones de dólares. Con apenas 16 años comenzó a llamar la atención dentro de la organización y avanzó rápidamente por las Ligas Menores hasta alcanzar las Grandes Ligas.

Su debut llegó el 17 de agosto de 2025, en Houston. Apenas cinco días después, Baltimore aseguró su permanencia a largo plazo al otorgarle una extensión de ocho años y 67 millones de dólares.

Pero el crecimiento económico y deportivo no ha cambiado su vínculo con las comunidades que lo vieron crecer.

Basallo también utiliza parte de sus propios recursos para ayudar a los niños durante la temporada baja.

“Les doy juguetes y cosas así. Les compro muchas cosas y se las doy”, explicó.

La historia de Basallo es, en definitiva, la de un joven que no ha olvidado de dónde viene. Mientras construye su camino en las Grandes Ligas, busca que una parte de ese recorrido también sirva para llevar alegría a otros niños que sueñan, como alguna vez lo hizo él, con una oportunidad en el béisbol.

Y para el receptor dominicano, esa misión tiene un significado todavía más profundo.

“Siento que estoy haciendo la obra del Señor al poder hacer esas pequeñas cosas, simplemente hacer sonreír a los niños, hacerlos felices al poder ayudarlos de esa manera”.

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