



El talento del dominicano trasciende fronteras: las leyendas Alfonso Rodríguez y Rolando Sebelén destacan su técnica, fortaleza mental y capacidad para competir sin dejarse vencer por la presión.
En el boliche, donde cada lanzamiento exige precisión, concentración y una enorme fortaleza mental, mantener la calma puede ser tan importante como la potencia con la que se lanza la bola.
Alex Prats parece haber entendido esa fórmula.
El dominicano, triple medallista de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, ha construido una carrera en la que su talento sobre la pista se combina con una característica que llama especialmente la atención de quienes conocen a fondo este deporte: su temple.
Y no son simples elogios de compañeros. Dos auténticas leyendas del boliche continental, el mexicano Alfonso Rodríguez y el dominicano Rolando Sebelén, han puesto en palabras lo que Prats representa dentro de las pistas.
Para Rodríguez, campeón mundial, dos veces subcampeón del mundo y siete veces monarca panamericano, entre otros numerosos logros, el éxito de Prats parte de una combinación fundamental: inteligencia y habilidad, tanto mental como física.
“Él está creciendo y le aseguro que si sigue en este camino va a seguir teniendo grandes logros”, afirmó Rodríguez, quien acumula 114 medallas durante una trayectoria de 56 años y fue exaltado en 2020 al Pabellón de la Fama del Boliche.
Si hay algo que distingue a Prats es su manera de afrontar los momentos difíciles.
Mientras otros jugadores pueden dejarse llevar por la presión de una competencia, el dominicano mantiene la cabeza fría. Para Rolando Sebelén, una de las grandes figuras históricas del boliche dominicano, esa cualidad resulta determinante.
“Lo primero que yo admiro de Alex Prats es su temperamento. Él juega relax, tranquilo, no coge presión y es un jugador de una bola demasiado potente”, destacó Sebelén.
A sus 40 años, Prats acaba de sumar una medalla de bronce en sencillos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, una presea que se une a un palmarés que ya incluía el oro individual conquistado en Veracruz 2014 y el oro en dobles junto a José Estrada en Mayagüez 2010.
Su recorrido, sin embargo, pudo haber sido todavía más amplio.
Los compromisos laborales y familiares han limitado su participación en torneos profesionales internacionales, algo que, según Sebelén, no ha impedido que continúe mostrando un nivel capaz de competir entre los mejores.
“Esperamos mucho más de él, pues seguirá para adelante”, afirmó.
El apellido Prats no ha pasado desapercibido dentro del deporte dominicano y su evolución tampoco.
Rolly Sebelén, otro integrante destacado de la reconocida dinastía del boliche dominicano, observa especialmente el progreso técnico del jugador.
“Alejandro ha ido perfeccionando su técnica y las revoluciones que le imprime a la bola”, señaló.
Su físico también juega a su favor. Con una estatura de 6 pies y 4 pulgadas y largos brazos, Prats posee condiciones naturales que le permiten generar potencia y aprovechar diferentes recursos durante sus lanzamientos.
Pero convertir esas condiciones en resultados requiere trabajo.
Rolly considera que Prats ha sabido sacar provecho de sus características y, sobre todo, transformarlas en una herramienta competitiva.
“Ha sido uno de los baluartes más valiosos de nuestra disciplina. Realmente desde muy jovencito comenzó a destacarse y siempre ha llevado la bandera dominicana en alto”, subrayó.
Hay algo particularmente especial en la historia de Alex Prats: uno de los jugadores que más admira terminó convirtiéndose en uno de sus principales admiradores.
Rolando Antonio Sebelén, considerado uno de los mejores bolicheros dominicanos de las últimas décadas, ha sido una referencia para Prats desde su juventud.
“Es un jugador ejemplar en la cancha y fuera de ella. Es una persona excepcional, de una educación familiar y deportiva impecable”, expresó Rolando Antonio.
La admiración, sin embargo, es mutua.
“Me siento más que honrado de que él, desde joven, siempre se ha fijado en mí, en mi forma de juego y de ser en la cancha. Somos muy parecidos y siempre hemos compartido mucho más que por ser dos compañeros de equipo”, manifestó el llamado “Rey de los 300”.
Ese vínculo ayuda a explicar parte de la personalidad competitiva de Prats. En un deporte donde un pequeño error puede cambiar completamente el resultado, mantener la concentración es una virtud.
Y en ese aspecto, los Sebelén coinciden.
Rolly y Rolando Antonio destacan precisamente esa capacidad de mantenerse dentro del partido, incluso cuando las cosas no salen como se esperaba.
“No se sale de juego. Eso es muy importante porque el boliche, al ser un deporte lento, de mucha meditación, de muchos pensamientos, es muy frecuente que el jugador se desmotive, se salga de carril, que coja presión y ese tipo de cosas, pero Alejandro ha sabido manejar muy bien esos temas”, explicó Rolly.
Rolando Antonio lo resumió con una frase que, entre la broma y la admiración, retrata perfectamente al jugador:
“Tiene sangre de maco”.
Más allá del humor, el mensaje es claro: Prats posee una personalidad competitiva difícil de quebrar.
Pero si existe un momento que resume la esencia de Alex Prats, probablemente sea aquel 300 de octubre de 2019.
A lo largo de su carrera ha conseguido numerosos juegos perfectos. Sin embargo, ninguno ha tenido el peso emocional de aquel.
El escenario fue el Torneo Nacional de Boliche dedicado a su padre, Frank Prats, quien había fallecido apenas dos meses antes.
En medio de una competencia marcada por el recuerdo y la emoción, Alex lanzó una partida perfecta.
300 puntos.
Más que una cifra, aquel juego se convirtió en un homenaje.
Porque detrás de la potencia de su lanzamiento, de las medallas y de la técnica que continúa perfeccionando, hay una historia humana. La de un deportista que aprendió a competir sin dejarse dominar por la presión y que encontró en el boliche una manera de representar a su país, honrar a su familia y mantener vivo un legado.
Alex Prats todavía tiene camino por recorrer.
Y si las palabras de quienes conocen el boliche como pocos sirven de referencia, el próximo capítulo de su carrera promete seguir dando motivos para mirar hacia la pista cuando la bola ruede.