Está al doblar de la esquina el Mundial FIFA femenino 2027: ¿en qué estamos los dominicanos?

El Mundial Femenino de la FIFA 2027 ya no es una promesa lejana. Está en camino, y con él llega una pregunta que en el fútbol dominicano se vuelve cada vez más urgente: ¿en qué estamos nosotros—como país—y especialmente como fútbol femenino?

Hace apenas un año, el San Diego Union Tribune informaba que la FIFA había decidido otorgarle por primera vez a un país de la CONMEBOL la sede de un Mundial Femenino, y que Brasil ya se proyectaba con todo para el torneo. En esa nota se menciona, además, que se presentó el logo oficial para 2027, un símbolo que busca encender la ilusión de un continente completo, y que para muchas personas se siente como el recordatorio de que el fútbol de mujeres ya no es “el futuro”: es el presente.

Brasil, como país, tiene una forma particular de encender el espectáculo, y el Mundial femenino llega con esa misma expectativa: verde, emoción y una copa que no es decorado—es mensaje. La FIFA quiere que el torneo crezca en visibilidad, que atraiga público y que, con el tiempo, el fútbol femenino alcance el nivel de masividad que hoy tiene el masculino. Y ahí el reto es enorme… también para nosotros.

Una idea clave del plan estratégico de la FIFA es clara: la versión femenina debe volverse tan popular como la masculina. Y si el camino será similar—mismas reglas, mismos estadios modernos, mismo peso mediático—entonces el trabajo de base tiene que estar a la altura.

Por eso resulta inevitable mirar el calendario y preguntarse: cuando llegue 2027, la selección dominicana estará lista para competir, o llegará tarde al tren?

En América Latina la semilla ya se sembró hace tiempo. Los países vienen impulsando sus programas femeninos durante años, y hoy ya hay selecciones mayores que no solo participan: empujan, disputan y hacen ruido. Un ejemplo reciente es España, doble campeona mundial femenina, un caso que demuestra algo fundamental: cuando se construye bien desde lo deportivo y lo institucional, el rendimiento aparece.

Los torneos también enseñan algo desde la infraestructura. Si los partidos del Mundial de mujeres se jugarán en estadios modernos, con el mismo estándar organizativo que el Mundial masculino, el mensaje para el planeta es que el fútbol femenino merece el mismo escenario.

Brasil, que ya es sinónimo de creatividad, ritmo e historia deportiva, ahora va a mostrar también “la otra cara” del balompié: la de las chicas del fútbol, las que están creciendo y conquistando espacios. Y si eso despierta entusiasmo, ojalá que el efecto dominó llegue a otras ligas, a otros países y, sobre todo, a los programas juveniles.

Porque el Mundial no se gana solo jugando bien el día del partido. Se llega bien a ese punto.

Aquí entra otro factor decisivo: la ruta hacia 2027. La CONCACAF no es un camino fácil. Hay muchos países, pero los cupos se disputan contra rivales con estructuras cada vez más fuertes.

Estados Unidos y Canadá tienen una historia reciente y un nivel de desarrollo que arranca desde lo formativo. Y sí: ahí es donde los demás deben luchar con valentía. Los “pequeños” no pueden conformarse con participar; deben competir por los boletos con planificación, constancia y resultados.

La pregunta entonces es directa: ¿cómo está llegando República Dominicana a esa competencia? ¿Cómo se está formando el presente y el futuro de la selección mayor femenina?

Como aficionados y como observadores del fútbol dominicano, a todos nos interesa una misma preocupación: ¿está FEDOFÚTBOL preparando a la selección mayor femenina para el Mundial 2027?

Y si no se está—o si estamos atrasados—hay dos explicaciones que suelen repetirse en el deporte nacional:

  • Falta de inversión y patrocinio,
  • o falta de un plan con continuidad (más allá de campañas momentáneas).

Pero también hay que decirlo con claridad: el desarrollo del fútbol femenino no se sostiene solo con el entusiasmo. Requiere estructura, visibilidad, trabajo técnico, preparación física, ligas competitivas y condiciones reales para que las jugadoras progresen.

En ese sentido, las señales del trabajo deben verse en los torneos, en el seguimiento a jugadoras, en convocatorias, en fogueos y en la consolidación de un proceso que no se interrumpa.

El proceso de selección ya arrancó según se ha comentado en torno al panorama regional. Y eso es una buena noticia: aún estamos a tiempo. Pero el tiempo no es infinito.

Si la selección dominicana quiere llegar a 2027 en forma, necesita dos cosas al mismo tiempo:

  1. Competitividad constante (partidos, preparación, rivales, aprendizaje real).
  2. Una estrategia institucional clara, que no dependa de la suerte ni de la emoción del día.

Porque el Mundial femenino no es solo un evento. Es una vitrina. Y cuando llegue el momento de representar a República Dominicana, lo que se vea en la cancha será el reflejo de lo que se hizo (o no se hizo) durante años.

La esperanza que muchos comparten es enorme: que el fútbol femenino crezca, que el público se enganche, que las jugadoras se sientan respaldadas y que, con el tiempo, se construya una liga profesional capaz de sostener talento, atraer patrocinadores y convertir el deporte femenino en una industria real.

Porque si algo ha demostrado el fútbol moderno es que cuando hay oportunidades y planificación, el nivel sube rápido.

Así que la pregunta final queda flotando: ¿en qué estamos los dominicanos ante el Mundial Femenino 2027?
¿Estamos construyendo el camino? ¿O estamos llegando tarde?

Que los resultados—y sobre todo el proceso—respondan pronto. Y que este Mundial, con la chispa que ya empieza a encenderse, encuentre a República Dominicana preparada para jugar con fuerza.

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