La joven acomodadora dominicana perdió 90 libras tras someterse a una cirugía bariátrica y regresa a las canchas decidida a ganarse un lugar en la selección nacional de mayores.
El talento nunca estuvo en duda. Lo que durante un tiempo frenó la carrera de Mía Liberato fue una batalla mucho más compleja: el sobrepeso.
Hoy, después de un profundo proceso de transformación física y emocional, la prometedora voleibolista dominicana vuelve a mirar con optimismo el objetivo que la ha acompañado desde niña: vestir la camiseta de las Reinas del Caribe.
La acomodadora, de apenas 20 años, redujo su peso de 250 a 160 libras tras someterse a una cirugía bariátrica en septiembre del año pasado, una decisión que considera determinante para recuperar su mejor versión dentro y fuera de la cancha.
Liberato comenzó a llamar la atención desde muy joven. En 2018, con solo 12 años, debutó como acomodadora titular de Guerreras Volleyball Club en la Liga Dominicana de Voleibol (LDV), demostrando una madurez poco común para su edad.
Su crecimiento deportivo fue constante. Fue capitana de la selección nacional Sub-17 y, posteriormente, asumió el mismo liderazgo en las categorías Sub-19, Sub-21 y Sub-23, representando a la República Dominicana en Copas Panamericanas y cuatro Campeonatos Mundiales de la FIVB.
Sin embargo, mientras su experiencia internacional aumentaba, también lo hacía su peso.
La obesidad comenzó a afectar directamente su rendimiento. La pérdida de movilidad, el mayor desgaste físico y la fatiga limitaron su desempeño en una disciplina donde la rapidez de reacción y los desplazamientos son determinantes.
«Mi rendimiento se vio muy afectado en la temporada 2025 por el sobrepeso», reconoce la jugadora, orgullo del Club Calero.
Esa situación terminó alejándola del siguiente paso en su carrera: integrar la selección nacional de mayores.
Consciente de que necesitaba un cambio profundo, decidió enfrentar el problema de raíz.
La cirugía bariátrica marcó el inicio de una nueva etapa, aunque, según la propia atleta, fue apenas el primer paso de un proceso mucho más amplio.
«Tuve que aprender a vivir desde cero: aprender a comer, a vestir, a pensar; prácticamente fue como volver a nacer», expresa.
Durante su recuperación contó con el respaldo de su padre, Andrés Liberato, así como de Cristóbal Marte y Milagros Cabral, presidente y directora del Proyecto Nacional de Selecciones Femeninas de Voleibol.
Además de la intervención quirúrgica, el proceso incluyó terapias psicológicas, masajes reductores, nuevas rutinas alimenticias y un intenso trabajo físico junto a su preparador Omar Martínez.
La recuperación también la obligó a permanecer casi cinco meses alejada de las canchas, la pausa más larga de toda su carrera deportiva.
«No había tenido una pausa tan larga, y mucho menos por motivos de salud. Gracias a Dios siempre he sido muy sana, pero esto era necesario por mi bienestar, por mi carrera deportiva y por mi vida», afirma.
Con una figura acorde al alto rendimiento y una renovada confianza, Liberato ya entrena con la preselección nacional de mayores, convencida de que está preparada para competir al máximo nivel.
«Después de todo lo vivido, me siento completamente lista física, mental y espiritualmente para competir en el alto rendimiento. Estoy muy emocionada por las oportunidades que se aproximan y confiada en que, con la ayuda de Dios, lograremos grandes cosas», señala la estudiante de término de Comunicación Publicitaria en la Universidad Iberoamericana (UNIBE).
El cambio de Mía también ha sido valorado por personas que siguieron de cerca su desarrollo.
El inmortal del deporte dominicano Cristian Cruz, considerado uno de los mejores acomodadores en la historia del voleibol nacional y quien fue su entrenador en las categorías menores, entiende que la jugadora posee condiciones para llegar lejos.
«Mía entiende muy bien el juego. Sabe distribuir el balón y tomar decisiones. Si ahora tiene la facilidad para desplazarse con mayor rapidez y defender mejor, puede alcanzar todo lo que se proponga», asegura.
Una opinión similar comparte Wilson Sánchez, asistente del seleccionador Marcos Kwiek.
«Con el trabajo que está realizando y la mejora en su condición física, tiene opciones de ser considerada en el futuro para ocupar la posición de colocadora de la selección superior. Todo dependerá de su evolución», sostiene.
La historia de Mía Liberato trasciende la pérdida de peso. Es el relato de una deportista que decidió enfrentar uno de los mayores retos de su vida para no renunciar a su sueño.
Después de superar una etapa marcada por las dificultades físicas y emocionales, la joven acomodadora vuelve a competir con una nueva perspectiva y con la ilusión intacta de convertirse, finalmente, en una de las próximas Reinas del Caribe.