Sinner recupera su mejor versión y deslumbra antes de la final de Wimbledon.

Jannik Sinner volvió a mostrar el nivel que lo convirtió en el mejor tenista del mundo. Tras dejar algunas dudas en sus primeras presentaciones en Wimbledon, el italiano recuperó su ritmo y firmó una actuación dominante para derrotar con autoridad a Novak Djokovic en las semifinales del torneo.

Aunque llegó a la antesala de la final con cinco victorias consecutivas, Sinner no había exhibido la solidez que lo llevó a encadenar una impresionante racha de 30 triunfos a comienzos de la temporada. Sin embargo, todo cambió antes del esperado duelo frente al siete veces campeón de Wimbledon.

La clave estuvo en una decisión poco habitual durante el torneo. En lugar de continuar entrenando sobre césped, el número uno del ranking pasó el miércoles practicando en una cancha dura bajo techo, una superficie donde ha conquistado tres de sus cuatro títulos de Grand Slam y en la que se siente completamente cómodo.

La estrategia, diseñada por sus entrenadores Darren Cahill y Simone Vagnozzi, le permitió recuperar el tiempo de impacto y la confianza en sus golpes desde el fondo de la pista, dos aspectos fundamentales de su tenis.

El legendario Andre Agassi, quien también trabajó con Cahill durante su carrera, destacó el cambio que mostró el italiano.

«Se recordó a sí mismo cuánto puede explotar esa pelota al salir de su raqueta», comentó Agassi, quien además resaltó la convicción con la que Sinner golpeó durante todo el encuentro frente al serbio.

El contraste con sus partidos anteriores fue evidente. En las rondas previas, Sinner tuvo que superar momentos complicados ante Miomir Kecmanovic, Nuno Borges, Jenson Brooksby, Shintaro Mochizuki y Jan-Lennard Struff, rivales que lograron exigirlo mucho más de lo esperado.

Ante Djokovic, en cambio, el dominio fue absoluto. El italiano conectó 40 golpes ganadores, cometió apenas 15 errores no forzados frente a los 23 de su rival y salvó el único punto de quiebre que enfrentó con un potente ace.

El propio Djokovic reconoció la superioridad de su adversario al finalizar el partido.

«Fue una buena paliza a la antigua», admitió el serbio.

Agassi explicó que el entrenamiento en cancha dura ayudó a Sinner a recuperar la limpieza de su swing y la agresividad de sus impactos, algo que suele perderse al competir durante varios días sobre césped, donde el bote de la pelota obliga a realizar constantes ajustes.

La victoria también tuvo un valor especial desde lo emocional. Meses atrás, Djokovic había eliminado a Sinner en cinco sets durante las semifinales del Abierto de Australia. Esta vez, la historia fue completamente distinta: el italiano tomó el control desde el inicio y resolvió el partido en tres sets, enviando un claro mensaje de que ha recuperado su mejor tenis justo en el momento más importante de Wimbledon.

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