Brasil llega como ligero favorito, pero con una advertencia clara: Noruega ya sabe lo que es tumbar gigantes y no quiere que la historia sea solo un recuerdo del pasado.

El cruce de octavos de final promete tensión, memoria y talento en partes iguales. La selección de Brazil parte con la etiqueta de favorita para avanzar y citarse en cuartos con el ganador del duelo entre México e Inglaterra, en un escenario de alta exigencia en las afueras de Miami. Sin embargo, del otro lado aparece una Noruega que no se siente intimidada y que se aferra a su propio relato histórico.

El entrenador de Norway, Ståle Solbakken, no ha olvidado la noche de 1998 en Marsella, cuando su país sorprendió al mundo venciendo a Brasil en el Mundial. Él lo vivió desde el banquillo como suplente, pero ahora le toca escribir un capítulo distinto, esta vez con todo en juego.

“Brasil sigue siendo favorito, pero no es un favorito tan enorme como antes”, dejó claro Solbakken en la previa. “Si no estamos en nuestro mejor nivel, no tenemos ninguna posibilidad. Pero si lo alcanzamos, podemos competir”.

Las casas de apuestas coinciden: Brasil tiene ventaja, aunque más ajustada de lo habitual. La selección de Carlo Ancelotti ha ido de menos a más en el torneo, con tres victorias consecutivas tras un debut con empate ante Marruecos. La sensación es que el equipo ha encontrado ritmo justo en el momento clave.

En el vestuario brasileño, el mensaje es de respeto sin miedo. El mediocampista Bruno Guimarães fue claro: Noruega no está en esta instancia por casualidad. “Tienen grandes jugadores. No estamos faltándoles el respeto. Simplemente creemos en nuestro fútbol”, afirmó.

Y es que el choque promete duelos de alto voltaje en todas las líneas. Uno de los focos estará en el enfrentamiento entre la potencia ofensiva noruega y la defensa brasileña. El nombre que lo eclipsa todo es el de Erling Haaland, que llega encendido: cinco goles en el Mundial y una racha brutal con su selección, donde ha firmado cifras que lo colocan entre los delanteros más temidos del planeta.

Del otro lado, Brasil confía en su equilibrio defensivo liderado por Gabriel Magalhães y Marquinhos, una pareja que ha ganado solidez con el paso del torneo. Para Solbakken, será un duelo de máxima exigencia, aunque insiste en que el partido no se reduce a un cara a cara individual: “No es Haaland contra ellos. Es Noruega contra Brasil”.

Brasil también tiene argumentos ofensivos de peso. El brillo de Vinícius Júnior y la presencia de Matheus Cunha han sido determinantes, con una combinación que ya suma varios goles en el torneo. La idea de Ancelotti es mantener ese ritmo ofensivo, aunque deberá ajustar piezas ante la posible ausencia de Lucas Paquetá, que salió lesionado en el último partido y es duda por un problema muscular.

El propio Ancelotti reconoce que su ausencia obligaría a replantear el centro del campo. “No tenemos a nadie con sus mismas características, tendremos que encontrar una solución”, admitió, sin dar pistas sobre su reemplazo.

Más allá del talento, el partido también estará condicionado por el contexto físico. Las altas temperaturas en la Costa Este de Estados Unidos han marcado la preparación de ambos equipos. Con registros cercanos a los 37 grados en los entrenamientos, el desgaste ha sido evidente, aunque en Noruega aseguran que el grupo ha sabido adaptarse sin excusas.

Guimarães, sin embargo, cree que el clima puede jugar su papel en el desarrollo del encuentro, especialmente si el ritmo se vuelve más lento en ciertos tramos. Aun así, la previsión de lluvia podría suavizar el calor extremo en el día del partido.

Noruega, además, espera recuperar efectivos importantes. El lateral Julian Ryerson apunta a volver tras su lesión, mientras que nombres como Alexander Sørloth y Oscar Bobb podrían tener minutos en un duelo que exige piernas frescas y concentración total.

Del lado brasileño, la historia reciente pesa, pero no determina. La Seleção llega con la confianza de su tradición y el empuje de su talento individual, mientras que Noruega se aferra a la memoria de aquel golpe histórico de 1998 para creer que otra sorpresa es posible.

El escenario está listo: un favorito con obligación de demostrarlo y un desafiante que no quiere ser simple espectador. En noches como esta, el fútbol suele escribir sus capítulos más impredecibles.

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