El automovilismo, la verdadera pasión deportiva de Cristóbal Marte.

Cuando se habla de Cristóbal Marte, es inevitable pensar en voleibol. Su nombre está ligado al desarrollo y éxito de las Reinas del Caribe y a una de las etapas más gloriosas del deporte dominicano. Sin embargo, detrás del dirigente deportivo y del influyente ejecutivo internacional existe una historia menos conocida: la de un apasionado de la velocidad y del automovilismo.

Marte, quien nació el 3 de enero de 1952 en San Cristóbal, proviene de una familia de tradición y recursos. Como muchos dominicanos, creció bajo la influencia del béisbol, deporte que practicó durante sus años de estudiante desempeñándose como receptor y jardinero derecho.

«Yo le daba duro a la pelota», recuerda entre risas durante una extensa conversación en la sección «Palco de Grandes Ligas».

Su afición por el béisbol continúa intacta. Es un ferviente seguidor de los Leones del Escogido y, como la mayoría de los dominicanos, considera el béisbol parte esencial de la cultura nacional. Sin embargo, ni el deporte inventado por Alexander Cartwright ni el voleibol terminaron convirtiéndose en su gran pasión.

Ese lugar lo ocupó la velocidad.

Cristóbal Marte fue uno de los pioneros del kartismo en la República Dominicana. En aquellos años, las competencias se desarrollaban en escenarios improvisados, como un circuito ubicado en la Feria Ganadera y una estrecha pista construida cerca de La Caleta, a orillas del mar Caribe, en la avenida Las Américas.

Su pasión evolucionó rápidamente hacia el automovilismo. Durante la década de los años 70 compartió pista con figuras emblemáticas como Luis Rafael Méndez, Adriano Abreu y Tony Cahahuate, integrantes de una generación considerada entre las mejores que ha producido el automovilismo dominicano. Aquella camada continuó dejando huellas importantes durante las décadas de los 80 y 90, especialmente en el Autódromo La Cumbre, en Bonao.

Actualmente, Marte es copropietario del Autódromo Las Américas, el único escenario permanente de automovilismo existente en el país, una muestra de que su vínculo con el deporte motor nunca desapareció.

«Estuve corriendo hasta 1986, cuando el doctor Joaquín Balaguer regresó al poder y me designó viceministro de la Presidencia», recuerda Marte.

Licenciado en Administración de Empresas, también posee una trayectoria singular en la administración pública y deportiva. Es la única persona que ha ocupado en dos ocasiones la máxima posición del Ministerio de Deportes, desempeñándose al frente de la institución entre 1990 y 1993, y posteriormente entre 1995 y 1996.

Paradójicamente, fue el voleibol el deporte que terminó transformando su vida.

Su acercamiento a esta disciplina ocurrió en 1990, a través de Ricardo Gioriber Arias, quien lo involucró en el exitoso proyecto del club Mirador. La experiencia despertó en Marte una visión mucho más ambiciosa, que cristalizó en 1994 junto al entrenador Jorge Pérez Vento con la creación de un programa de desarrollo que revolucionó el voleibol femenino dominicano.

Los resultados fueron extraordinarios. Con el paso de los años, la selección dominicana se convirtió en una potencia regional y logró desafiar la histórica hegemonía que durante décadas ejerció Cuba en el área.

Su trabajo como dirigente y propulsor deportivo lo ha llevado a ocupar posiciones de gran relevancia internacional, incluyendo la vicepresidencia de la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) y la presidencia de la Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de Voleibol (NORCECA), además de merecer un lugar en el Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano.

Pero, más allá de los trofeos, los reconocimientos y su legado en el voleibol, Cristóbal Marte conserva intacta la pasión que marcó sus primeros años deportivos: el rugido de los motores y la adrenalina de la velocidad.

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