La segunda ronda del torneo de clasificación para Wimbledon vivió este miércoles una situación poco habitual cuando una avería en el sistema de arbitraje electrónico obligó a suspender temporalmente la jornada en Roehampton, al suroeste de Londres.
La interrupción se produjo alrededor de las 12:15 del mediodía, cuando dieciséis partidos que se disputaban simultáneamente tuvieron que detenerse debido a problemas técnicos con el sistema automatizado encargado de cantar las líneas. Tras varios minutos de incertidumbre y conversaciones entre jugadores, jueces de silla y organizadores, los tenistas fueron enviados a los vestuarios mientras se intentaba solucionar la incidencia.
La pausa se extendió por poco más de una hora en una jornada marcada además por las altas temperaturas, que superaron los 30 grados centígrados. Aunque inicialmente se anunció que la actividad se reanudaría a las 11:45 GMT, los organizadores tuvieron que retrasar varias veces el regreso a las pistas antes de confirmar finalmente la reanudación a las 12:25 GMT.
El incidente pone nuevamente bajo los reflectores la dependencia tecnológica de los grandes torneos de tenis. Desde 2025, Wimbledon eliminó por completo a los jueces de línea y adoptó un sistema de arbitraje electrónico automatizado, siguiendo el modelo implementado previamente en el Abierto de Australia y el US Open.
Actualmente, Roland Garros es el único torneo de Grand Slam que mantiene jueces de línea en todas sus canchas. Los responsables del torneo parisino sostienen que la tecnología ofrece menos garantías sobre la superficie de tierra batida que en césped o pista dura, razón por la que continúan confiando en el criterio humano.
Aunque el problema fue solucionado y la competición pudo continuar con normalidad, el episodio dejó en evidencia que incluso los sistemas más avanzados no están exentos de fallos, especialmente en uno de los escenarios más exigentes y prestigiosos del tenis mundial.