Tapia y Milei libran una batalla política mientras Argentina busca revalidar su corona mundial.

Buenos Aires. Mientras la selección argentina se prepara para defender su título mundialista en Estados Unidos, una disputa política e institucional amenaza con convertirse en uno de los temas más relevantes fuera de las canchas. En el centro del conflicto se encuentran el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio Tapia, y el mandatario argentino Javier Milei.

Para Tapia, el próximo Mundial representa mucho más que una oportunidad deportiva. Un nuevo éxito de la Albiceleste fortalecería su liderazgo dentro del fútbol argentino y debilitaría los intentos del Gobierno por cuestionar su gestión y promover cambios estructurales en el deporte más popular del país.

La confrontación comenzó poco después de la llegada de Milei a la presidencia, en diciembre de 2023. Uno de los primeros puntos de choque fue un decreto impulsado por el Gobierno que buscaba permitir que los clubes de fútbol, tradicionalmente organizados como asociaciones civiles sin fines de lucro, pudieran convertirse en sociedades privadas. La AFA logró bloquear judicialmente la iniciativa, marcando el inicio de una larga batalla institucional.

Desde entonces, el enfrentamiento ha escalado. El Gobierno declaró inválida la reelección de Tapia al frente de la AFA en 2024, aunque posteriormente un tribunal federal anuló esa resolución. Paralelamente, funcionarios cercanos al oficialismo han impulsado denuncias e investigaciones relacionadas con la gestión de la entidad.

En marzo de este año, un tribunal de Buenos Aires acusó a Tapia y a otros altos dirigentes de la AFA por presunta evasión fiscal, mientras que diversas investigaciones adicionales continúan abiertas. La situación llegó a tal punto que el dirigente debió solicitar autorización judicial para viajar junto a la selección durante el Mundial.

Las críticas hacia Tapia no provienen únicamente del ámbito político. Diversos analistas y aficionados cuestionan su modelo de conducción, al que comparan con el estilo centralizado y poco transparente que caracterizó la extensa gestión de Julio Grondona.

La actual estructura de la liga argentina, integrada por 30 equipos, ha sido uno de los puntos más controvertidos. Mientras los clubes más pequeños respaldan el formato impulsado por Tapia, sus detractores consideran que ha generado desorganización competitiva, cambios constantes en los calendarios y una menor capacidad para atraer inversiones privadas.

Encuestas recientes reflejan ese desgaste. Un estudio de CB Consultora realizado en diciembre indicó que el 65,8 % de los consultados desaprobaba la gestión del presidente de la AFA. Asimismo, un sondeo de Isasi/Burdman reveló que dos tercios de los aficionados creen que los arbitrajes y la organización de los torneos favorecen a determinados clubes cercanos a la conducción actual.

Sin embargo, Tapia conserva aliados de peso. La FIFA, cuya normativa rechaza la intervención gubernamental en asuntos futbolísticos, lo incorporó a su Consejo el año pasado, un gesto interpretado como respaldo institucional. También mantiene una relación cercana con sectores influyentes del fútbol sudamericano y recientemente participó en eventos internacionales donde coincidió con figuras políticas cercanas al presidente estadounidense Donald Trump.

El gran escudo de Tapia, no obstante, sigue siendo el éxito deportivo. Bajo su mandato, Argentina conquistó la Copa América en 2021 y 2024, la Finalissima de 2022 y, sobre todo, el histórico Mundial de Catar 2022 liderado por el capitán Lionel Messi.

Para muchos analistas, el desempeño de la selección en el próximo torneo podría definir el futuro político del dirigente. Una nueva consagración mundialista reduciría considerablemente las críticas y dificultaría cualquier ofensiva institucional en su contra. Por el contrario, una eliminación temprana podría reactivar la presión del Gobierno y de sus opositores.

«Si Argentina vuelve a ser campeona, gran parte de las discusiones institucionales pasarán a un segundo plano», coinciden diversos observadores políticos y deportivos. En cambio, una actuación decepcionante podría abrir una nueva etapa de cuestionamientos sobre la conducción del fútbol argentino.

Por ahora, el balón aún no rueda. Pero mientras los jugadores se preparan para defender la corona mundial, fuera del terreno de juego se libra una batalla cuyo desenlace podría tener consecuencias profundas para el futuro de la AFA y del fútbol argentino.

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