Así lo afirmó su presidente, Sebastian Coe, en declaraciones a la AFP, en medio de la reciente controversia por el rechazo de once solicitudes impulsadas por Turquía.
El país euroasiático, que no consiguió medallas de oro en los Juegos Olímpicos de París 2024, ha iniciado una agresiva campaña de naturalización con la mirada puesta en Los Ángeles 2028. Entre los atletas involucrados figuran medallistas olímpicos de alto nivel, especialmente de Kenia y Jamaica.
Sin embargo, la respuesta de World Athletics ha sido tajante. “Nos mantendremos inflexibles”, advirtió Coe, subrayando que el organismo solo aprueba cambios de nacionalidad en circunstancias excepcionales, como matrimonio, estudios o situaciones de índole política.
Entre los casos rechazados destacan nombres de peso como Rojé Stona, campeón olímpico en lanzamiento de disco; Wayne Pinnock, plata en salto largo; y Rajindra Campbell, bronce en lanzamiento de peso. También figuran la keniana Brigid Kosgei, exrécord mundial de maratón, y Ronald Kwemoi, subcampeón olímpico en los 5.000 metros.
El organismo internacional defiende que estas restricciones buscan proteger la credibilidad del atletismo y fomentar la inversión en el desarrollo de talentos locales. Según Coe, permitir cambios sin control podría desincentivar a los gobiernos a financiar programas deportivos si sienten que sus atletas terminan compitiendo por otras naciones.
En paralelo, la situación también ha generado debate en otros países. El velocista botsuano Letsile Tebogo, campeón olímpico en los 200 metros, reveló haber recibido ofertas de países como Catar y Emiratos Árabes Unidos, aunque descartó cualquier cambio de nacionalidad.
El caso pone sobre la mesa una tensión creciente en el deporte internacional: el equilibrio entre oportunidades individuales para los atletas y la integridad competitiva de las naciones. Por ahora, World Athletics parece decidida a mantener una línea dura.